18 de febrero de 2017

José Santos Ossa Vega


Nació en Huayco en 1827. A los 12 años se radicó en Vallenar. Huérfano a temprana edad, se educó en forma autodidacta. Vivió de allegado en varios hogares de familias vinculadas a la fundición y compra de minerales. En Vallenar trabajó para la familia Walker, de Vallenar, donde adquirió sus primeros conocimientos de Química, Mineralogía, Contabilidad, Inglés, y su afición por la lectura.
 En su juventud recorrió las zonas agrícolas de San Carlos y Chillán. Luego de una breve permanencia en Iquique, Ossa se instala en Cobija en 1845. En un principio se dedicó a la compraventa de minerales, pero las facilidades concedidas por los abundantes depósitos de guano que existían en el ·rea lo convencieron para cambiar de rubor.
En 1855 fallece la primera esposa de José Santos Ossa, Melchora Ruiz. Ese mismo año viajó a Iquique, donde conoció a su futuro socio, Francisco Puelma.
De vuelta a Cobija, inicia el proyecto de construcción, junto a José Artola, de una planta desaladora de agua y comienza nuevamente la explotación a gran escala de los depósitos de guano., lo que le generar· una pequeÒa fortuna con la que se retira Chillán. Sin embargo, a los pocos meses regresarÌa a la zona.
Dos expediciones realizadas en abril y diciembre de 1860, lo ponen en contacto con los yacimientos de salitres de Cuevitas y Salar del Carmen.
La crisis económica de 1861 le hizo perder sus propiedades y sus activos. Regresó a Cobija a comenzar todo nuevamente. Fue nombrado cónsul honorario de Chile en territorio boliviano, y sus hijos volvieron de Europa, donde los había enviado a estudiar.
En 1863 inició nuevas exploraciones al desierto en busca de yacimientos de plata, para reunir capital, pero sufrió una nueva tragedia: el 10 de diciembre de 1865 se quemaron su casa y sus bodegas de trabajo, donde tenÌa las maquinarias y maderas.
Seis años después se establece en la Caleta de La Chimba, la que gracias a su empuje y negocios creció hasta transformarse en el puerto de Antofagasta. En ese periodo José Santos Ossa y Francisco Puelma se asocian y crearon la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama, entidad que crecerÌa hasta entrar en negociaciones con Gibas y CÌa. Posteriormente mantienen relaciones comerciales con las Casas Melbourne, Clark Smith y Agustín Edwards Ossandón en 1869.
Su aporte más significativo para el desarrollo de Antofagasta fue el lograr que las naves de la Pacific Steam Navegation Company consideraran a este puerto entre sus escalas.
En 1872 la Compañía de Ossa y Puelma se transformÛ en Sociedad Anónima bajo el nombre de Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta.
Al conocerse el descubrimiento de yacimientos superficiales de guano en las Islas de San Ambrosio y San Féix, ubicadas a 950 kilómetros frente a Chañaral, José Santos Ossa organizó una expedición para investigar los depósitos. Embarcado en el vapor ìFanny Hareî, zarparon desde el puerto peruano de El Callao, navegando durante dos semanas hasta llegar a su objetivo.
José Santos Ossa murió en el mar el 13 de Agosto de 1878. Contagió una neumonía. No pudo llegar al continente para recibir tratamiento médico.


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La alianza secreta en Perú y Bolivia

El pacto secreto entre Perú y Bolivia fue suscrito en 6 de febrero de 1873. ConsistÌa en la suposición que Chile ocupara la región de Antofagasta, Perú saldría en defensa de Bolivia. Esta propuesta fue también invitada a Argentino. Durante un lapso la nación estuvo inclinada a aceptarlo, pero al final declinó la propuesta.
Los continuos roces entre la República de Chile y la República de Bolivia por la definición fronteriza del desierto de Atacama, sirvieron al presidente peruano Manuel Pardo de pretexto para atraer a los gobernantes bolivianos a favor de una alianza entre ambos países.
De esta manera se firma un tratado secreto de alianza entre Per˙ y Bolivia el 6 de febrero de 1873. En representación de Bolivia firmÛ Juan de la Cruz Benavente y por parte del Perú, José de la Riva Aguero.
Las consecuencias directas de este tratado fue que Bolivia quedó impedida en los hechos de poder negociar directamente con Chile y de esta forma resolver las cuestiones pendientes entre ambos países. Esta dificultad se generó especialmente por lo dispuesto en el artículo VIII del tratado secreto en cuestión.
El segundo paso del gobierno peruano en el plan para dominar el negocio internacional del guano y del salitre consistÌa en alcanzar prontamente una especie de tutela sobre el salitre atacameño.
Para lograr el alejamiento chileno de la industria salitrera atacameña era necesario generar un conflicto armado entre Bolivia y Chile lo antes posible y para este objetivo el gobierno boliviano tenÌa que reclamar por el tratado de 1866, retrotrayendo todas sus demandas a las reivindicaciones anteriores a la fecha de la firma de ese acuerdo y de inmediato debÌa proceder a la ocupación de los territorios al sur del paralelo 24 con lo que iba a provocar la reacción del gobierno chileno haciéndolo aparecer como un paÌs agresor.
A los gobernantes bolivianos les atraía la estrategia peruana, debido a que estaban conscientes de la extrema debilidad militar y económica en que estaba sumida la nación altiplánica a causa de la anarquía que reinÛ en ese país después de los gloriosos días del Mariscal Andrés Santa Cruz y del general José Ballivión.
Aprobando los planes del gobierno del Rímac, los gobernantes bolivianos pretendían frenar la expansión chilena en la zona del desierto de Atacama, que cada dÌa era más poderosa a través de sus empresas, mano de obra y capitales.
El territorio desértico en cuestión estaba casi abandonado hasta antes de las explotaciones mineras hechas por los chilenos, quienes transformaron la zona en un n˙cleo de riquezas minerales como el guano, el salitre y la plata.
Seg˙n el censo de 1878, la circunscripción municipal de Antofagasta con sus diversos poblados contaba con una población de 8.507 habitantes, de los cuales 6.544 eran chilenos; 1.226 bolivianos, y el resto de otras nacionalidades.


Crisis financiera en Per˙

La administración de la industria salitrera en la zona de Tarapacá estuvo en manos peruanas hasta 1879. Sin embargo, parte de los capitales y mano de obra correspondÌa a Chilenos. Los dueños de las oficinas era europeos y acaudaladas familias.
Al mismo tiempo, el gobierno peruano pasaba por una crisis financiera que provocó problemas en la administración de los territorios comprendidos en Tarapacá.
El fisco estaba en bancarrota y para salvar el paÌs el presidente peruano Manuel Pardo estableció por ley del 18 de enero de 1873 el estanco del salitre. Este estanco también se extendió al guano. Para ello el estado peruano comenzó a comprar toda la producción en el mismo muelle donde eran embarcados los quintales. El objetivo era revenderlos a un precio mayor en el extranjero.
El estanco fracasÛ, principalmente por que parte de las salitreras eran de propiedad de sociedades chilenas que eran controladas por bancos con sede en Valparaíso o Londres. Estas entidades cortaron de inmediato los créditos a las oficinas salitreras dejándolas casi en el borde de la quiebra. Para evitar la crisis del sector, el gobierno peruano desistió de su acción.


Problemas en Tarapacá

Los problemas de gestión en Lima repercutieron directamente en la economía de la zona de Tarapacá. Arica e Iquique sufrían los estragos de la mala administración gubernamental.
El estanco del salitre que implementÛ el gobierno no resultÛ causando resentimiento en la clase empresarial vinculada al negocio salitrero y en los inversionistas chilenos e ingleses que explotaban los cantones salitreros de Tarapacá.
La crisis económica en Arica se hizo sentir en variadas formas y uno de sus efectos fue la tensión en las relaciones comerciales entre Bolivia y Per˙ por el no reembolso de los derechos aduaneros cobrados en la Aduana de Arica por el gobierno peruano.
Este tenÌa el compromiso de entregar un porcentaje de lo recaudado al gobierno de Bolivia conforme al tratado que existÌa entre ambas naciones después de la crisis del "libre tránsito" causada por el contrabando.
La llegada de 1878 no trajo respiro económico al Per˙ y con esto vino la complicación de sus relaciones exteriores, las que se dificultaban cada vez más haciendo aparecer en el horizonte los nubarrones de la guerra.
Para comprender el inicio del conflicto internacional que derivarÌa en la guerra de 1879 hay que remitirse a una ley firmada por el presidente peruano Manuel Pardo el 13 de enero de 1873 en la que se establece el estanco del nitrato tarapaqueño.
Esta medida tomada por las autoridades económicas pretendÌa regresar a la antigua bonanza producida por las ventas del guano, buscando en el salitre una nueva fuente de ingreso fiscal que permitiera superar la crisis económica.
La competencia cada vez más fuerte de la "Compañía de Salitres de Antofagasta" hacía más difícil al gobierno peruano pretender el control internacional del comercio salitrero.
Ante la desesperación financiera, los gobernantes veían como única posibilidad de éxito en sus planes el aniquilamiento de la firma anglo-chilena, además del sometimiento de los inversionistas al diseÒo de control comercial que pretendían.
Para ello, Per˙ comenzó a promover un entendimiento con el gobierno boliviano con el fin que pusiese fin a los privilegios que poseían las empresas chilenas de la región de Antofagasta, que eran otorgados conforme a los tratados chileno-bolivianos de 1866 y 1874.

Decisiones peruanas

Entonces el presidente peruano Mariano Ignacio Pardo inició la expropiación de las salitreras a través de una ley promulgada el 28 de mayo de 1875. "El gobierno quedó facultado para pagar el precio correspondiente con certificados a dos años plazo que ganaban el 8 por ciento anual de interÈs, pagaderos por trimestres vencidos. También se le autorizó contratar un empréstito de 7 millones de libras esterlinas".
El gobierno peruano inició legalmente la compra de las salitreras. Esta decisión significó una gigantesca fuga de capitales y endeudó al fisco peruano. La medida tampoco logró su objetivo, debido a que hace más de una década que los empresarios de Tarapacá habían desarrollado prospección en el descampado de Atacama.
El desarrollo de la industria por parte de José Santos Ossa en Antofagasta impulsó aún más el interés de los inversionistas para iniciar los trabajos en esa zona. Comenzaron la producción en forma inmediata. De esta manera ya tenían nuevos territorios para desarrollar sus industrias, sin pagar al gobierno peruano.
En Tarapacá la presión contra el gobierno era grande. Los dueños de los certificados salitreros temían que los documentos no fueran cancelados en el plazo estipulado.


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21 de agosto de 2016

Inversiones chilenas en el descampado de Atacama

Oficina abandonada en región de Antofagasta.


En 1866 José Santos Ossa y Francisco Puelma descubrieron mantos de salitre en el Salar del Carmen, ubicado al este de Antofagasta. Casi inmediatamente obtuvieron las concesiones para explotar el mineral. La única obligación era construir un muelle en Antofagasta. Este permiso fue heredado más adelante por la Compañía de Salitres de Antofagasta.

En primera instancia Puelma y Ossa trasladaron estos derechos a la Compañía Explotadora del Desierto de Atacama. Esta empresa gestionó en Bolivia otros permisos como explotar el recurso por 15 años a cambio del pago de 10.000 sólo una vez la construcción de un camino de 30 leguas y que llegara a puerto. También le dieron una franja de territorio de una legua de ancho por toda la extensió del camino para que la explotaran.

Los beneficios eran tan buenos, que la gente de Bolivia protestó. En tanto que los chilenos afirmaban que sólo recibían lo que pertenecía a Chile.

En 1871, Bolivia restringió todos los derechos sobre esta zona. A excepción de la Empresa Melbourne, Clark y Cía, entidad que heredó los recursos de la Sociedad Explotadora del Desierto de Atacama.

En 1874 hubo otro permiso que entregó a la nueva empresa llamada Compañía de Salitres y FF.CC. de Antofagasta. Fue gestionado a nivel de gobiernos. La empresa tenÌa 15 años de permiso, grandes extensiones de terreno y facilidades para sacar la carga por los puertos de la zona. El artículo 4 decía: "desde el 1 de enero de 1874 la empresa tiene el derecho a explotar libremente los depósitos de salitres y el de exportar por el puerto de Antofagasta los productos de esos depósitos libres de todo derecho de exportación y de cualquier otro gravamen municipal o fiscal".

El tratado de 1874 fue mejorado y decía que "las personas, industrias y capitales chilenos que quedarán sujetos a más contribuciones, de cualquier clase que sean, que a las que al presente existen".

Con estos acuerdos, los problemas de límites y la industria chilena en la zona estaba protegida. Hasta que en 1878, la asamblea boliviana desenterró este decreto y vio que económicamente el país estaba perdiendo recursos. El Ejecutivo boliviano, dictó el 14 de febrero de 1878 la siguiente resolución: "Se aprueba la transacción celebrada por el Ejecutivo el 27 de noviembre de 1873 con el apoderado de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, a condición de hacer efectivo como mínimo un impuesto de 10 centavos en quintal exportado".

Ese mismo año los ejecutivos de la compañía en Valparaíso, viajaron a Santiago y pidieron la intervención del gobierno. En primera instancia se utilizó el envío de un diplomático que pidieron la extensión del acuerdo suscrito en 1874. La respuesta de Bolivia se demoró por varios meses. No hubo respuestas y en Bolivia se hablaba de echar a los ingleses de Antofagasta.

La Moneda envió una carta a La Paz en la que decía: "La negativa del gobierno de Bolivia una exigencia tan justa como demostrada colocaría declarar nulo el tratado de límites que nos liga con ese país, y las consecuencias de esta declaración dolorosa, pero absolutamente justificada y necesaria, serían de la exclusiva responsabilidad de la parte que hubiere dejado de dar cumplimiento a lo pactado".

Bolivia insistió en el gravamen de 10 centavos. Incluso estableció que debía ser retroactivo y que se cobraría desde el 14 de febrero de 1878, a pesar que el trámite fue despachado el 17 de diciembre de ese mismo.

"El 6 de enero de 1879, el prefecto Zapata notificó a la compañía el pago de los derechos a contar desde la fecha indicada en la ley. El 11 de mandó a trabar embargo en sus bienes y llevar a la cárcel al gerente Jorge Hicks.

El 1 de febrero el Presidente Daza dictó un decreto en que afirmaba que como la Compañía de Salitres de Tarapacá no quería pagar el impuesto y no respecta los acuerdos, dejaba sin efecto el acuerdo suscrito en 1873. Reivindicó las salitreras detentadas por la compaÒÌa.

El 7 de febrero la Moneda recibió un telegrama que indicaba que el gobierno boliviano remataría las salitreras.

El presidente Aníbal Pinto dispuso que el Cochrane y la O'Higgins fueran a Antofagasta con dos compañías de artillería a bordo a las Ordenes del coronel Emilio Sotomayor Baeza.

El 14 de febrero, por la mañana, una escuadrilla compuesta por el Blanco, el Cochrane y la O'Higgins apareció fondeada en la bahÌa de Antofagasta. Las compañías bajaron a tierra y el prefecto Zapata y sus 40 policiales se retiraron de la ciudad.


Problemas con Argentina


Los problemas limítrofes no sólo estaban en el norte. La frontera con Argentina en el sur también complicaba al gobierno chileno.

El tema de la pertenencia de la región de la Patagonia era un tema obligado en la sociedad argentina. Incluso esta tensión entre ambos países jugaba en contra de Chile, debido a que Per˙ y Bolivia tenían la intención que Argentina se uniera en un pacto defensivo contra Chile.

Las negociaciones de Chile permitieron que la tensión disminuyera y la nación trasandina se mantuviera a un lado durante el conflicto de la Guerra del Pacífico.

Es así como Con este país, se llegó a un acuerdo en el Tratado de Límites de 1881, que estableció como límite entre ambos países la Cordillera de los Andes en sus más altas cumbres que dividen las aguas. En caso de problemas, se nombrarían peritos y se recurrirÌa al arbitraje de una potencia amiga.

El Estrecho de Magallanes quedó bajo la soberanía chilena. Tierra del Fuego serÌa dividida y compartida por ambos países. Las islas situadas al sur del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos y las que se encontrasen al occidente de Tierra del Fuego pertenecerían a Chile.

La aplicación del Tratado de 1881 originó inconvenientes, y para superarlos se firmó un Protocolo el 1 de mayo de 1893. Pero, como los problemas subsistían, fueron sometidos al arbitraje de la corona Británica. Fue el Rey Eduardo VII de Inglaterra quien ofició de árbitro en el conflicto limítrofe entre Chile y Argentina, que culminó con la firma de los Pactos de Mayo, en 1902.

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