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No todo tiempo pasado fue mejor

Es cierto. Muchos miran el pasado como una mejor época, más sana, sencilla y con valores. Y lo cierto es que el pasado siempre es visto con algo de "romanticismo" que, por lo general no es cierto.

La Tercera publicó un artículo sobre la sociedad del siglo XIX y XVII donde muestra cómo era la sociedad en ese tiempo y cuál era su realidad. El panorama no están bueno como uno podría pensa.


 Las enfermedades forman parte de la esfera íntima de una comunidad. Y Chile durante el siglo XIX fue un gran y pobre hospital. El caso de Bernardo O'Higgins es sintomático. El prócer murió en Perú en 1841 y sus últimos días fueron lamentables. Sufría arteriosclerosis, conjuntivitis, espasmos cardíacos y reumatismo. Su historial médico mencionaba fiebre amarilla, que lo tuvo al borde de la muerte a los 21 años; osteomielitis crónica, una inflamación de huesos y médula que a menudo le impedía mover el brazo y le causó hipertensión arterial, así como neuralgias y cefaleas.

Las enfermedades que causaban más estragos eran las venéreas, especialmente la sífilis; la viruela, la pulmonía y el cólera generaban gran mortandad. La tasa de muerte infantil era desoladora: en 1858 nacieron 6.183 niños, contra 3.315 -entre lactantes y hasta siete años- que murieron.

Desde luego, los hábitos de higiene no estaban muy extendidos y la medicina era incapaz de ofrecer remedios a las enfermedades. Cundían las recetas de sabiduría popular, que en algunos casos eran muy poco agradables, como el "sistema pitillo" para combatir las epidemias de cólera: consistía en consumir dosis de guano de caballo, que provocaban vómitos y cortaban el pujo.

Otro mal que proliferaba era el alcoholismo, mucho más visible entre los sectores pobres. "La borrachera parecía general los sábados en la tarde", recuerda un cronista. "Me parece aún ver, en la calle San Diego, a una mujer andrajosa con un niño pequeño en brazos. Iba borracha y a cada bamboleo de sus inseguros pasos, estrellaba la cabeza de la criatura contra el muro".

Las imágenes de pesadilla aumentarían tras la Guerra del Pacífico. Los valientes soldados, que sembraron el terror en Lima, volvieron como héroes, pero muchos fueron incapaces de reubicarse. Las pensiones para los lisiados eran miserables y las calles se llenaron de veteranos indigentes.

Salir a jugar

Pero no todo fue tan depresivo. En el ámbito de la familia algunas cosas empezaron a cambiar. Durante casi todo el siglo XIX los matrimonios se realizaban por acuerdos entre los padres, independiente de la voluntad de los novios. Naturalmente, eso generaba conflictos posteriores. Adulterio, violencia intrafamiliar y crímenes pasionales eran comunes. Pero la violencia pocas veces salía de casa: se consideraba normal y sólo traspasaba esos límites cuando había consecuencias fatales.

Hacia comienzos del siglo XX, sin embargo, la sociedad chilena dio mayor espacio a la afectividad y las relaciones se volvieron más plenas de sentimientos. Es la época también en que se popularizan los juguetes y la idea de que los niños tienen derecho a la alegría.

Los juegos tradicionales -las bolitas, el volantín, la pallalla- comienzan a ser reemplazados por muñecas y soldaditos de plomo. Celebrar los cumpleaños se vuelve común y, pese a la oposición de sectores de la Iglesia, la Navidad pasa a ser una fiesta de regalos. Era el espíritu de los nuevos tiempos.
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El mutualismo y mancomunales

El mutualismo fue la principal forma de organización laboral que tuvieron los artesanos a fines del siglo XIX y principios del XX. En 1880 existían 39 de estas instituciones en todo Chile. Su objetivo era el mejoramiento material e intelectual del obrero sobre la base de la ayuda mutua.

Los integrantes de la directiva se preocupaban de la recreación y la formación de pequeñas bibliotecas. También trabajaban en torno a la previsión, la vivienda y el ahorro de sus afiliados. La principal diferencia de una mutual con el sindicato o cooperativa es que se interesan en la situación del obrero sin referirla a su relación con el patrón o con el Estado. Bajo esa perspectiva no se relacionaba con luchas reivindicatorias o enfrentamientos con las figuras de poder.

En tanto que las mancomunales fueron las organizaciones populares más significativas de la primera década del siglo XX. Nacieron y se consolidaron en las minas y puertos nortinos a comienzos de 1900.

Los objetivos en sus inicios no s…

Bailes de La Tirana

La gran variedad de colores, ritmos y coreografías es sin duda una de las principales características de esta festividad, donde cada baile expresa de manera distinta su devoción a la Virgen .

Los Chinos


Este baile tiene raíces post hispánicas y fue traído desde el Santuario de Andacollo. Aparece en La Tirana en 1907.
El baile chino posee una jerarquía especial, ya que ellos sacan a la Virgen en procesión. La tradición se impuso a fines del siglo XIX cuando Tarapacá estaba en pleno proceso de chilenización. El Baile Chino era reconocido como una institución antigua que nació en Andacollo, es decir, eminentemente chileno.

Los Chunchos El baile representan a los indígenas de la vertiente oriental de Los Andes con una estructura que nace en Bolivia y data de 1848. Hoy es el único baile del tipo tradicional selvático. Anteriormente estaban los Tobas, Callaguayas, Cambas, Chirihuanos y Llameros, los que asistieron a la construcción del nuevo templo de La Tirana.
Describen bailes en círculos…

Himno de Iquique

Canciones para la ciudad
El primer himno a Iquique fue compuesto por Baldomero Castro y utilizó el seudónimo de Justo Miralles.
Mario Bahamonde en su libro "Guía de la Producción Intelectual Nortina" indica que Baldomero Castro "compuso el himno en Pisagua en 1889 y está destinado a glorificar la epopeya de Iquique. Se cantó en todas las escuelas de Chile entre 1890 y 1897".
El segundo himno fue creado en 1936 por Roberto López Meneses, "Canto lírico a Iquique". En él enfatizaban las cualidades humanas de los iquiqueños, denominando a la ciudad "pueblo singular".
El tercer himno pertenece a Julio García y se cantó en la década de los 40 y los 50. La letra versa sobre el desierto, el mar, las gestas militares y deportivas.
El músico boliviano Gilberto Rojas, es el autor del vals de Iquique. Nació en Oruro el 10 de marzo de 1916 y falleció el 21 de marzo de 1983, a los 67 años.
La letra del vals se refiere a las bondades del puerto y señala el gran amor…