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Pueblos Originarios en la Región de Tarapacá, Chile.

Tierra de dinosaurios

Hace 65 millones de años, los dinosaurios dominaron esta tierra. En vez de extensos desiertos, en la Región de Tarapacá existían sinuosos ríos y amplios bosques que en nada hacían presagiar la sequedad de hoy. A 70 kilómetros al sureste de Pica se encuentra la Quebrada de Chacarillas. En ese lugar existen varias docenas de huellas de dinosaurios que habitaron el Norte Grande. Las huellas pertenecen al periodo cretácico, que comenzó hace 100 millones de años y se caracterizó por la gran variedad de dinosaurios que existieron.
Las huellas fueron descubiertas en 1962 por paleontólogos norteamericanos. Estudios posteriores establecieron que al menos hubo cuatro especies en esta zona: el estegosaurio, el allosaurio, el iguanodón y el tiranosaurio rex.Presencia humana

Presencia humana

Miles de años después, y luego que el mundo enfrentara la última era Glacial, comenzó el poblamiento humano. Los primeros cazadores recolectores y sus familias llegaron al continente americano provenientes del noreste asiático.
Atravesaron el estrecho de Bering y paulatinamente comenzaron a poblar el territorio de norte a sur.
Se estima que las primeras tribus de cazadores recolectores llegaron hace aproximadamente doce mil años a la zona de Tarapacá; no obstante, las primeras huellas registradas tienen unos 10.000 años.
Los habitantes originarios se transformaron en cazadores de guanacos y recolectores de semillas y frutos de algarrobo y chañar. Se organizaban en grupos de 25 personas aproximadamente y tenían una vida nómada.
Se les llamó paleoindios, correspondientes a una epoca muy primitiva de la prehistoria. Utilizaban para su supervivencia piedras, huesos y trozos de madera con las que confeccionaban utencilios.
El antropólogo Lautaro Núñez indica que en esa época el nivel del mar estaba 150 metros más abajo del actual, las temperaturas eran más bajas y las lluvias en la cordillera ocurrían con una mayor frecuencia. Algunos de los salares eran entonces lagos rodeados de una vegetación de estepa.

Gente de la costa


Los primeros habitantes de esta zona, donde miles de años después nacerá Iquique, conformaban pequeñas tribus nómades que vagaban por el área costera.
Eran  descendientes directos de los aborígenes que en algún momento bajaron del altiplano y posteriormente de la depresión intermedia, permaneciendo su estilo de vida sin grandes cambios, durante cuatro mil años.
De este grupo se sabe poco sobre sus creencias y vida espiritual, pero a partir del periodo arcaico (8.000 AC) hay indicios de un desarrollo cultural mayor identificado como Cultura Chinchorro, que tomó su nombre del balneario donde fueron descubiertas las más antiguas del mundo. Son incluso más arcaicas que las egipcias.
El hombre de Chinchorro pertenecía a un pueblo seminómade, habitando la costa en el circuito comprendió entre Arica y la desembocadura del río Loa.
Con características especiales, los chinchorro permanecían en los afloramientos de napas subterráneas y en los faldeos de los cerros en donde se acumulaba cierta cantidad de agua generada por la camanchaca.
Cuatro mil años antes de Cristo tomaron contacto con los pueblos ubicados en las quebradas del interior y las familias trashumantes de la Pampa del Tamarugal. Otras características que marca la cultura Chinchorro son sus rituales funerarios. Este pueblo enterraba a sus muertos bajo sus viviendas, confeccionadas sobre bases de piedras y levantadas con troncos de cactus.


Momificación

La vida del hombre de Chinchorro era sencilla; su preparación para la muerte, no.
El nivel de especialización que alcanzaron en la momificación era alto. A pesar que existen al menos tres variantes para este proceso de preparación de los cuerpos, dependiente de la época y desarrollo del pueblo; la más común y elaborada es la que se puede apreciar en el Museo Regional de Iquique.
En una de sus alas exhiben seis momias que dejan en evidencia el arduo trabajo para detener el proceso de descomposición: el sistema involucraba retirar la piel, separar la carne del esqueleto y retirar las vísceras para luego apartar las extremidades y reforzarlas amarrando las articulaciones con fibras vegetales.
Después depositaban los músculos en su posición original y colocaban la piel, transformada en pliegues de 10 centímetros como una venda para sostener los músculos. El penúltimo paso consistía en introducir palos de tamarugo longitudinalmente junto a la espina dorsal y en brazos y piernas para garantizar la rigidez del cuerpo.
Sobre el rostro confeccionaban una máscara de arcilla pinta de rojo o negro.
Esta práctica alcanzó su apogeo hacia el año 3.000 AC y comenzó a simplificarse hacia 2.000 antes de Cristo, conservándose en su etapa terminal tan sólo el uso de mascarillas de barro.


Rituales de momificación

Junto a los cuerpos se ofrendaban figurillas de arcilla en miniatura. Una de ellas, que actualmente es exhibida en el Museo Regional de Iquique, contiene un cráneo de ave, imitando a la cabeza humana y una espina de cactus que simboliza la estructura ósea.
Para la arqueóloga Cora Moragas, esta actividad representaba una simbología que hasta el momento no se ha podido establecer con exactitud, especialmente porque los Chinchorro no acostumbraban enterrar a sus muertos con los artefactos que utilizaron en vida.


Vivir frente al mar


Más allá del proceso de momificación, existe una actividad transhumántica y asentamiento relativamente estable donde vivían los chinchorro. Bajo Molle, donde hoy se levante el Barrio Industrial sur de Iquique, hubo un extenso asentamiento humano. Hace veinte años se encontró en el lugar una tumba colectiva a escasa profundidad, la cual fue estudiada por arqueólogos de la Universidad de Tarapacá.
En Caleta Caramucho, a 47 kilómetros al sur de Iquique, existió un campamento semipermanente de cazadores y recolectores, al igual que en Los verdes y Punta de Lobos.
El arqueólogo y antropólogo Olaf Olmos, explicó que en Caramucho encontraron gran cantidad de artefactos correspondientes a la Cultura Chinchorro: cuchillos y puntas de flechas confeccionadas en piedra, morteros de hueso, maderas, anzuelos de conchas de choros y de espinas de cactus. Todos ellos con una data de 6 mil 300 años de antigüedad.



Evolución de la cultura Chinchorro

La Cultura Chinchorro evolucionó y sus descendientes lograron extenderse por todo el litoral del norte de Chile y del sur del Perú, desarrollando constantemente nuevas tecnologías, como artefactos en piedras, cuarzo o basalto como punta de arpones, cuchillos, elaborados y rapadores de pieles.
Para confeccionar sus herramientas golpeaban las piedras directamente en la roca. Los trozos desprendidos en forma de láminas era afilados y retocados para su uso doméstico.
Para la recolección, utilizaban “chopes”, una especie de cucharón de hueso para desconchar los mariscos.
Para sus continuos viajes por el borde litoral llevaban agua en bolsas elaboradas en vientres o vejigas de lobo marino. Cerca del año 300 AC, el desarrollo los llevó a internarse mar adentro gracias a las embarcaciones fabricadas con cueros inflados de lobos marinos. De esta manera lograron alcanzar grandes cardúmenes, lo que posibilitó aumentar su excedente de recursos y a su vez mejorar su interacción con los asentamientos de la depresión intermedia.
Con la navegación extendieron su presencia en todas las caletas de abrigo del litoral y diversificaron su dieta gracias a la caza de albacora y cetáceos menores utilizando arpones de piedra y cuerdas de cuero.
El faenamiento de la caza se realizaba incluso con dientes de tiburón.


La Cultura del Anzuelo

Los cazadores, recolectores y pescadores del litoral de la actual Primera Región estaban bien representados en los asentamientos que existieron en la zona de Pisagua. Hacia el 4.000 AC se desarrolló la “Cultura del Anzuelo de Concha”, denominación utilizada por el arqueólogo Lautaro Núñez.
De acuerdo a sus estudios, estas personas vivían en campamentos-bases destinados primordialmente para la explotación de especies marinas que iban desde pescador a mariscos. La dieta de estas personas incluían mamíferos marinos, tortugas y aves, además de una reducida caza terrestre. En sus basurales fue posible encontrar escasos artefactos confeccionados con huesos de guanaco.
Entre sus utensilios se destacaban morteros de roca con huecos cónicos y tazones de lava negra, de uso previo a la masificación de la agricultura y cerámica.
El equipo de pesca reunía anzuelos de concha y pesas de piedra, arpones de madera con cabeceras desprendibles, plomadas o pesas en forma cilíndrica, chuzos o “chopes” de hueso para el despegue y desconche de mariscos, pesas en forma de bolas, puntas de proyectiles y chuchillos de piedra.
Todos estos utensilios fueron evolucionando y siendo confeccionados con diferentes insumos, dependiendo del nivel de evolución social.
Los Chuzos o “chopes” evolucionaron desde hueso de ballenas hasta trozos de maderas con empuñadura de piel o pelos humanos que eran hilados a mano por los changos.


Gran asentamiento humano

La concentración mayor de poblaciones prehispánicas se ha localizado en la desembocadura del río Loa., donde la disponibilidad de agua permitió el asentamiento humano, según los vestigios hallados, desde el año 3.800 AC.
Los arqueólogos llamaron a este campamento como Huelén-42. El sitio fue levantado por pescadores recolectores que se instalaron y conformaron un lugar compuesto de varios recintos semicirculares.
Los investigadores estiman que a pesar de la sedentarización de la población, su costumbre pudo incluir viajes periódicos para el aprovechamiento de otros ambientes mas altos verificando a través de recolecciones de madera, de frutas silvestres, rocas para tallar artefactos y áreas de caza.
Lautaro Núñez, antropólogo de la Universidad Católica del Norte, afirma que ese campamento contiene cuerpos humanos que fueron sepultados bajo las prácticas funerarias tipo Chinchorro asociadas a tradiciones cazadoras, caracterizadas por sus largas puntas de lanzas.


En Busca del Agua

Conseguir agua en una zona completamente árida fue una verdadera epopeya para los primeros habitantes del litoral de la Provincia de Iquique. Debido a ello el desarrollo se ve asociado a las aguadas y vertientes, que cobran un papel fundamental en el desarrollo de la vida a lo largo del litoral.
Según el arqueólogo Lautaro Núñez, el agua se podía obtener, al igual que hoy, gracias a la neblina o camanchaca que se levanta desde el mar y es empujada por los vientos contra los cerros altos de la Cordillera de la Costa. En las partes altas, esta neblina se condensa al chocar y gotea, formando hilillos de agua entre rocas o una superficie relativamente impermeable. De esta forma se apoza en cuencas naturales, dando origen a las aguadas ubicadas en los cerros. Sin embargo, a veces la roca está fisurada y el agua escurre bajo tierra hasta los faldeos del mismo cerro y aflora en fallas geológicas.
También se podía conseguir agua gracias a napas subterráneas presentes en los sedimentos del borde occidental de la Pampa del Tamarugal. Estas aguas provienen a su vez de precipitaciones infiltradas en las partes altas de la Cordillera de Los Andes. El agua pasa bajo el desierto y aparecen como vertiente en la costa.
Cualquiera sea el caso, los primitivos tuvieron que caminar largas distancias en busca del agua. Desde tiempos inmemoriales utilizaron cuero de lobos marinos y los estómagos de estos animales como cantimploras o depósitos que eran llevados en las espaldas.
Los antecedentes expuestos coinciden con la ubicación de las aguadas de neblinas y los sitios arqueológicos. Entre la zona costera de Pisagua y Taltal se han reconocido más de 80 vertientes, en cada una de las cuales hay vestigios de uno o más asentamientos humanos.

Los habitantes del Altiplano

Al mismo tiempo que la odisea de los primeros hombres del litoral, se ubica el avance de las primeras tribus existentes en el área andina. Corresponde a grupos nómades de cazadores y recolectores que habitaban preferentemente sobre los 3.000 metros de altura, debido a que las condiciones ambientales les aseguraban la existencia de caza de auquénidos.
Los hábitos de ocupación correspondían a la pernoctación en cavernas o quebradas rocosas y en las cercanías de pequeños arroyos que descienden de la cordillera.

Primeras herramientas


Hace cuatro mil años los primeros habitantes del altiplano comenzaron a desarrollar sus utensilios líticos.
Puntas de flechas y piedras con doble filo fueron las herramientas que usaron para cazar y cortar la carne de llamas y alpacas. La mayoría de estos restos arqueológicos fueron encontrados en cavernas, cursos de ríos o afloramientos de napas subterráneas, en casi toda la Provincia de Iquique.

Domesticar al medio


En la región andina, la población se mantiene relativamente estática hasta el año 3.000 AC. Ante la necesidad de alimentos, estos grupos humanos ensayan la domesticación de plantas y animales. Hacía el año 1.000 AC se les encuentra ya como incipientes agricultores. De esta manera, el hombre inicia el manejo de la tierra y del agua para producir alimentos.
Según los estudios realizados en la zona, estos cambios en las costumbres de las primeras poblaciones andinas son el resultado de los múltiples contactos y las influencias de grupos culturalmente más avanzados en las zonas que hoy corresponde a Perú y Bolivia.
En esta misma época ya comienzan las primeras conexiones entre pobladores del altiplano y la costa, permitiendo el intercambio de productos y, por consiguiente, la complementariedad alimenticia.

Interesante

El mutualismo y mancomunales

El mutualismo fue la principal forma de organización laboral que tuvieron los artesanos a fines del siglo XIX y principios del XX. En 1880 existían 39 de estas instituciones en todo Chile. Su objetivo era el mejoramiento material e intelectual del obrero sobre la base de la ayuda mutua.

Los integrantes de la directiva se preocupaban de la recreación y la formación de pequeñas bibliotecas. También trabajaban en torno a la previsión, la vivienda y el ahorro de sus afiliados. La principal diferencia de una mutual con el sindicato o cooperativa es que se interesan en la situación del obrero sin referirla a su relación con el patrón o con el Estado. Bajo esa perspectiva no se relacionaba con luchas reivindicatorias o enfrentamientos con las figuras de poder.

En tanto que las mancomunales fueron las organizaciones populares más significativas de la primera década del siglo XX. Nacieron y se consolidaron en las minas y puertos nortinos a comienzos de 1900.

Los objetivos en sus inicios no s…

Bailes de La Tirana

La gran variedad de colores, ritmos y coreografías es sin duda una de las principales características de esta festividad, donde cada baile expresa de manera distinta su devoción a la Virgen .

Los Chinos


Este baile tiene raíces post hispánicas y fue traído desde el Santuario de Andacollo. Aparece en La Tirana en 1907.
El baile chino posee una jerarquía especial, ya que ellos sacan a la Virgen en procesión. La tradición se impuso a fines del siglo XIX cuando Tarapacá estaba en pleno proceso de chilenización. El Baile Chino era reconocido como una institución antigua que nació en Andacollo, es decir, eminentemente chileno.

Los Chunchos El baile representan a los indígenas de la vertiente oriental de Los Andes con una estructura que nace en Bolivia y data de 1848. Hoy es el único baile del tipo tradicional selvático. Anteriormente estaban los Tobas, Callaguayas, Cambas, Chirihuanos y Llameros, los que asistieron a la construcción del nuevo templo de La Tirana.
Describen bailes en círculos…