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La Revolución de 1891

PATY 75-59
Los intereses económicos respecto de la industria salitrera y la lucha por el poder político fueron los principales ejes que desencadenaron la Revolución de 1891 entre el Presidente José Manuel Balmaceda y las fuerzas opositoras representadas por el Parlamento.
En este conflicto Iquique y la provincia de Tarapacá ocuparon un papel preponderante al desencadenarse una huelga salitrera, la insurrección de la Armada y la creación de un gobierno paralelo.
Al asumir el poder, el programa de gobierno de Balmaceda era principalmente el engrandecimiento e independencia económica de Chile, llegando hasta nacionalización de las industrias y de las oficinas salitreras que hasta ese momento permanecían en manos de capitales ingleses o europeos.
Ante estos postulados, algunos sectores políticos y económicos iniciaron una obstrucción total al trabajo de Balmaceda. Entre ellos se acusa al empresario John Thomas North de intervenir para evitar que se concretaran los postulados de Balmaceda.
Esta actitud de rechazo se vio reflejada en continuos cambios de gabinete debido al veto que ejercían los parlamentarios sobre los ministros de Balmaceda.
Las tensiones entre el Ejecutivo y el Legislativo llegaron a su punto más álgido el 12 de junio de 1890 cuando el Congreso decidió aplazar la Ley de Presupuesto que autorizaba el cobro de las contribuciones.
La medida continuaría hasta que el Presidente Balmaceda nombrara un gabinete que diera "plenas garantías de gobernabilidad".
Balmaceda respondió el 1 de enero de 1891 cuando declaró que concentraba todo el poder en sus manos. Tres días después puso en rigor, a través de un simple decreto, la Ley de Presupuesto.
Como reacción, el Parlamento nombra una Junta de Gobierno que pretendió reemplazar al Presidente.

Situación política


El 6 de febrero de 1891, el Presidente José Manuel Balmaceda Fernández nombró ministro del Interior a Domingo Godoy Cruz, quien tomó drásticas medidas en contra de los opositores. Vulneraron las garantías constitucionales y cometieron abusos, especialmente en contra de familias pudientes.
El abuso de poder ejercido por el ministro Godoy, rápidamente incrementó el descontento de la opinión pública y el número de personas que se oponían al Gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda. A medida que pasaba el tiempo, el apoyo al Gobierno era cada vez menor.

Sublevación


El 7 de enero la Escuadra Nacional se subleva. En la expedición habían embarcado el capitán Jorge Montt; el capitán Francisco J.Lima, como jefe de Estado Mayor; el vicepresidente del Senado Waldo Silva; y el presidente de la Cámara de Diputados, Ramón Barros Luco.
Ese mismo día Balmaceda supo del hecho, recibió el apoyo del Ejército, suspendió las garantías constitucionales y cerró los periódicos, excepto La Nación de Santiago y El Comercio de Valparaíso.
Mientras la Escuadra Nacional se dirigía al norte para controlar la zona salitrera y así lograr el financiamiento para la Guerra Civil y sustentar el gobierno paralelo apoyado por el Parlamento, el ambiente en Tarapacá era de efervescencia política y social.


Enfrentamientos


Durante meses, los trabajadores pampinos habían desarrollado movimientos de protesta y de reivindicaciones salariales, culpando a Balmaceda de su precaria condición social y económica.
Al conocer sobre la insurrección de la Armada, la población de Pisagua se pronunció a favor del Congreso.
El coronel Estanislao Del Canto, a cargo de las fuerzas revolucionarias, se instaló a las afueras de Pisagua para preparar a su gente.
En tanto fuerzas gobiernistas salían de Iquique, que permanecía bloqueado por la Escuadra, en dirección a Huara.
El primer combate ocurrió en Zapiga, donde son derrotados quienes apoyaban el Congreso. Otro fracaso para los revolucionarios ocurrió en la antigua estación ferroviaria "Hospicio", ubicada a las afueras de Pisagua. Con esto, los gobiernistas dominaron el puerto a fines de enero.
Pero las fuerzas revolucionarias, comandadas por Del Canto no se rindieron y siguieron en la lucha hasta que el 17 de febrero son totalmente aniquilados en la estación de Huara por las fuerzas del coronel Eulogio Robles.
Luego de esta victoria se dirigieron a Iquique para controlar el puerto. Sin embargo la acción fue detenida por 40 marinos que impidieron la ocupación resistiendo un combate que duró entre el 19 y 20 de febrero.
Las fuerzas gobiernistas se establecieron en Pozo Almonte, en donde fueron sorprendidos el 7 de marzo por los batallones reorganizados del coronel Estanislao del Canto. Este enfrentamiento entregó en forma definitiva los territorios de Tacna, Arica, Tarapacá, Antofagasta y Atacama al gobierno convocado por el Parlamento.

Junta Paralela

La extensión de las zonas controladas origina que el 12 de abril se establezca una junta presidida por Jorge Montt, que desconoce al gobierno de Balmaceda.
Se acordó formar una Junta de Gobierno, compuesta por el capitán de navío Jorge Montt Alvarez, quien la presidió; Waldo Silva, vicepresidente del Senado y Ramón Barros Luco, Presidente de la Cámara de Diputados como vocales. Ellos actuarían como Poder Ejecutivo, en reemplazo del Presidente de la República.
Se crearon cuatro ministerios: Interior y Obras Públicas, que se reservó para Manuel A. Matta ; Relaciones Exteriores y Justicia, Culto e Instrucción Pública, a cargo de don Isidoro Errázuriz ; Hacienda, a cargo de Joaquín Walker Martínez; Guerra y Marina, a cargo del coronel Adolfo Holley.
Se entablaron negociaciones para obtener reconocimiento de los gobiernos extranjeros y proceder a la adquisición de armamentos, como también entorpecer las negociaciones del gobierno.
Además hubo presiones de varios empresarios chilenos que desde Europa vulneraron las negociaciones que hacía el Gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda, para la entrega de los cruceros "Presidente Pinto" y "Presidente Errázuriz" y el acorazado "Capitán Prat", que se encontraban en construcción en ese continente, logrando que su entrega recién sucediera el 9 de julio, cuando ya la guerra estaba decidida y esos buques no alcanzaban a llegar y tomar parte en la contienda. Además, cuando estuvieron listos se logró impedir que completaran sus tripulaciones.
Se adquirieron rifles y municiones en Estados Unidos y se comisionó al vapor "Itata" y crucero "Esmeralda" para traerlos al país. La obtención del material fue toda una odisea.

En busca de armas


Ocupadas las provincias nortinas, la Junta de Gobierno se halló incapacitada para aumentar su ejército por falta de armas.
El agente Ricardo Trumbull compró en Estados Unidos cinco mil fusiles Remington y dos millones de tiros, que debían embarcarse en la goleta "Robert and Minnie" para que en isla San Clemente, frente a las costas de California, se trasbordarían al transporte "Itata".
El 30 de abril de 1891 zarpó el transporte desde Arica, escoltado por el crucero "Esmeralda". El barco se dirigió a las islas Galápagos, donde efectuaron faena de carbón.
Luego el crucero se dirigió a Acapulco donde rellenó carbón y esperó al "Itata", para escoltarlo en el viaje de regreso.
El transporte "Itata", antes de recibir el cargamento de armas, recaló en San Diego, California, el 3 de mayo de 1891, para embarcar carbón y víveres para su buque y el crucero "Esmeralda".
De esta manera se impediría que el gobierno norteamericano, que estaba a favor del Presidente Balmaceda, incautara las armas e invocara neutralidad.
Los agentes de Balmaceda convencieron a las autoridades norteamericanas de impedir el zarpe del "Itata". Es por eso que embarcaron un comisario para vigilar el buque. Como éste había sido recibido conforme por las autoridades marítimas, no se impidió el carguío de carbón y víveres.
Cuando el buque pidió los documentos de despacho para poder zarpar, estos le fueron negados en varias oportunidades.
Su comandante, capitán de fragata Alberto Silva Palma, decidió entonces zarpar sin los documentos de despacho ni de sanidad. Salieron a la mar el 6 de mayo y desembarcaron al comisario en una lancha de prácticos en la boca del puerto.
Cuando esta operación estaba en ejecución, el gobierno norteamericano ordenó al almirante Mac-Cann, Jefe de la Flota del Pacífico, la captura del transporte "Itata" y en caso de no alcanzarlo en la mar, exigiera su devolución a su recalada en Iquique.
El transporte "Itata" logró recibir el embarque y eludir a sus perseguidores, recalando en Iquique el 3 de junio de 1891.
El crucero "Esmeralda" debió regresar independientemente debido a no poder conseguir oportunamente carbón en Acapulco.
Sin embargo las presiones del gobierno norteamericano llevaron a la Junta de Gobierno a entregar el buque al crucero "Charleston" el 13 de junio, que lo hizo regresar con su cargamento, escoltado, a Estados Unidos.
Posteriormente la Corte de Justicia de Estados Unidos dictaminó que la retención del transporte "Itata" había sido una arbitrariedad del gobierno norteamericano y un atentado en contra sus propias leyes.
El buque y su cargamento fueron dejados en libertad el 30 de septiembre de 1891, cuando la Guerra Civil había terminado.

Ofensiva al sur


Desde Iquique, el nuevo gobierno organizó la ofensiva hacia la zona central. Las operaciones militares y navales fueron largas y sangrientas. En éstas hubo que lamentar el hundimiento del acorazado Blanco Encalada, buque almirante de la escuadra congresista.
Durante la Revolución llegaron procedentes de Inglaterra las torpederas Condell y Lynch, mandadas a construir anteriormente.
Fueron puestas al servicio de Balmaceda, acecharon al Blanco Encalada en Caldera y un torpedo de la Lynch logró hundirlo.
Más de siete meses duraba la Revolución y no se divisaba su término. Surgían conspiraciones contra el gobierno y se levantaban montoneras. Las cárceles rebosaban de presos políticos.
La indignación subió de punto cuando una partida de jóvenes de familias acaudaladas de Santiago fue sorprendida organizando una montonera en Lo Cañas, fundo próximo a la capital, perteneciente al caudillo conservador Carlos Walker Martínez.
Las tropas, al sorprender al grupo, le dieron una batida y mataron a la mayoría. A los prisioneros se les ejecutó en el mismo campo.

Ultimas batallas

A mediados de agosto el ejército revolucionario, compuesto por cerca de 10.000 hombres, desembarcó en Quintero, al norte de Valparaíso. Las fuerza era comandadas por el coronel Estanislao del Canto.
Balmaceda disponía ya de 40.000 soldados pero sólo una cuarta parte de ese número pudo enviar al encuentro del enemigo. La batalla se libró en Concón, junto a la desembocadura del río Aconcagua. Ella fue una derrota para el ejército gubernamental. Los prisioneros tomaron las armas al lado de sus vencedores. El 28 de agosto una nueva batalla tenía lugar en Placilla, cerca de Valparaíso. Fue el triunfo definitivo para los revolucionarios.
Ambos acontecimientos costaron 8.000 pérdidas entre muertos y heridos de gravedad.

El fin de Revolución


Apenas pasado el mediodía del 28 de agosto, ya se sabía en Valparaíso y Santiago el resultado del combate de Placilla que había ocurrido durante la mañana.
Valparaíso se entregó a los emisarios de la Revolución, pero fue víctima de un saqueo. La capital no corrió mejor suerte. Las casas de los hombres más conocidos como seguidores de Balmaceda, lo mismo que muchos negocios particulares, fueron desmantelados a la mañana siguiente.
Balmaceda había abdicado el poder en la madrugada del día 29, en la persona del general Manuel Baquedano, neutral en la contienda. A sus órdenes se puso toda una división militar para el resguardo de la población. El general no intervino sino tardíamente en la represión de los desmanes.
Días más tarde, Jorge Montt y los demás miembros de la Junta de Gobierno llegaron a instalarse en la capital. La Revolución de 1891 había concluido. Costaba a la nación 10 mil vidas y al erario público más de 100 millones de pesos.
El país consagraba como régimen político el Parlamentarismo, según el cual el Poder Ejecutivo quedaba sometido al Congreso.

Muerte de Balmaceda


Después de su abdicación, el Presidente Balmaceda había ido a asilarse en la Legación Argentina. Desde allí pudo presenciar la apoteosis de sus adversarios y las manifestaciones de ira y de venganza contra su persona y sus amigos. Nervioso y desasosegado, aguardó en su encierro el día en que debía terminar el período para que había sido electo Presidente. Podía haber puesto entre él y sus vencedores la cordillera de Los Andes, pero consideró indigna la fuga.
Por un momento pensó entregarse a sus enemigos y esperar la hora de defenderse, pero temió no ser respetado por los que deberían juzgarlo. Entonces se formó una resolución irrevocable: el suicidio. Llegado el día 18 de septiembre de 1891, término legal de su período, escribió varias cartas a personas de su familia y de su más íntima amistad.
Escribió también una especie de manifiesto o testamento político, en que explicaba y trataba de justificar sus actos. Al otro día se levantó temprano, se vistió de riguroso negro y, tendido sobre su cama, tomó un revólver, aplicó el cañón a la sien derecha y se disparó un tiro que le quitó la vida instantáneamente.

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