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Santa Laura, salitrera

Hubo en la provincia de Iquique dos "Santa Laura". Una de ellas perteneció al Cantón de Yungay y fue conocida como "Santa Laura de Barra". La segunda estubo ubicada en el Cantón de la Peña, llamada "Santa Laura de Wender". Esta segunda oficina es la que perteneció a la Cosach (Compañía de Salitres de Chile).
Santa Laura fue construida en 1872 por la firma Barra y Riesco. Durante los siguiente 30 años pasó en manos de varios industriales, hasta que en 1915 fue comprada por el gobierno de Chile a la firma inglesa Foelsch y Martín.

Santa Laura mantuvo sus funciones hasta 1960. En su época de esplendor produjo 35.000 quintales mensuales de salitre y 322 quintales anuales de yodo.
Tenía una superficie de 180.5 hectáreas. de terrenos para explotar.
Hasta nuestros días aún se mantiene en pie la planta industrial, con su procesadora de salitre y su chimenea. Santa Laura es la única oficina que conserva los cachuchos de lixiviación en pie.
Junto a Humberstone y Chacabuco en Antofagasta, son las únicas que no han sido desmanteladas por completo.

A pesar del interés de varios sectores por conservar sus estructuras, Santa Laura atraviesa un inminente peligro de derrumbe. La Municipalidad de Pozo Almonte lleva adelante la mantención y cuidado de la oficina, apoyada por la Corporación Museo del Salitre.
Sin embargo, las iniciativas de restaurar y preservar estas oficinas salitreras no son nuevas. En 1970, tanto Humberstone como Santa Laura fueron declaradas Monumentos Históricos, lo que evidentemente ha ayudado en su preservación. En 1989 se sumaron a esta declaración las "tortas de ripio" que bordean a ambas salitreras.
Santa Laura constituye un "museo de sitio" único en el planeta, que muestra cómo vivían y trabajaban los hombres pampinos.

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El mutualismo y mancomunales

El mutualismo fue la principal forma de organización laboral que tuvieron los artesanos a fines del siglo XIX y principios del XX. En 1880 existían 39 de estas instituciones en todo Chile. Su objetivo era el mejoramiento material e intelectual del obrero sobre la base de la ayuda mutua.

Los integrantes de la directiva se preocupaban de la recreación y la formación de pequeñas bibliotecas. También trabajaban en torno a la previsión, la vivienda y el ahorro de sus afiliados. La principal diferencia de una mutual con el sindicato o cooperativa es que se interesan en la situación del obrero sin referirla a su relación con el patrón o con el Estado. Bajo esa perspectiva no se relacionaba con luchas reivindicatorias o enfrentamientos con las figuras de poder.

En tanto que las mancomunales fueron las organizaciones populares más significativas de la primera década del siglo XX. Nacieron y se consolidaron en las minas y puertos nortinos a comienzos de 1900.

Los objetivos en sus inicios no s…

Himno de Iquique

Canciones para la ciudad
El primer himno a Iquique fue compuesto por Baldomero Castro y utilizó el seudónimo de Justo Miralles.
Mario Bahamonde en su libro "Guía de la Producción Intelectual Nortina" indica que Baldomero Castro "compuso el himno en Pisagua en 1889 y está destinado a glorificar la epopeya de Iquique. Se cantó en todas las escuelas de Chile entre 1890 y 1897".
El segundo himno fue creado en 1936 por Roberto López Meneses, "Canto lírico a Iquique". En él enfatizaban las cualidades humanas de los iquiqueños, denominando a la ciudad "pueblo singular".
El tercer himno pertenece a Julio García y se cantó en la década de los 40 y los 50. La letra versa sobre el desierto, el mar, las gestas militares y deportivas.
El músico boliviano Gilberto Rojas, es el autor del vals de Iquique. Nació en Oruro el 10 de marzo de 1916 y falleció el 21 de marzo de 1983, a los 67 años.
La letra del vals se refiere a las bondades del puerto y señala el gran amor…

Casa del Deportista de Iquique

Alrededor de 18 años debió esperar la comunidad para contar con un recinto que acogiera los grandes espectáculos deportivos, frecuentes en las décadas del 50 y 60.


La Casa del Deportista "Guillermo Valenzuela Koster", enclavada en un comienzo en calle Tarapacá entre Barros Arana y Vivar.

El coliseo de cemento y emociones, diseñado por el arquitecto Mario Bravo, costó mucho sudor y demasiadas lágrimas a los dirigentes de antaño.

Lo básico fue adquirir los terrenos. El alcalde Pedro Munga los vendió al Consejo Local de Deportes, presidido por el doctor Juan Lombardi, en un lejano 13 de diciembre de 1949. La compra se concretó en 150 mil pesos y el sitio correspondía a el ex Mercado.

Los dirigentes de esa época acordaron que el recinto sería para el Consejo y se destinaría a las disciplinas del boxeo, básquetbol, vóleibol y tenis de mesa.

El martes 5 de septiembre de 1950 el arquitecto Mario Bravo dio a conocer el diseño estructural, precisando que el Estadio tendría una capac…