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El fin de los barrios en el Iquique antiguo

Así como la gente se ubica por los nombres o las ciudades de donde provienen, en Iquique la gente se conoce por los barrios a los cuales pertenecen.


El sociólogo Bernardo Guerrero afirma que en el barrio se expresa un estilo de vida tradicional. Es una micro-comunidad de intereses y lealtades empieza a ceder su lugar a la vida moderna y al puerto. "Eso cambia con los años, porque los bloques de departamentos obligan a vivir no al lado, sino que arriba del otro".
Los viejos y los niños, los extremos generacionales del barrio, ya no parecen ser los actores principales de esta vida tradicional. Los viejos, la memoria colectiva del barrio, viven cada día más constreñidos a sus realidades inmediatas, a ese pasado que les dio todo o casi todo. Esa rara virtud de mirar ideológicamente el pasado, al presente que se le manifiesta con todas sus energías del "montepío" y de las "perseguidoras".
"Los puntos de articulación económica y social del barrio: el zapatero, el carnicero y el almacenero, van cediendo su lugar a todo lo que viene ya hecho. Lo que se vende en el supermercado y en la tienda de moda. En estos lugares no sólo se compraba y se vendía, sino que también servía para el encuentro, la copucha y para la distribución social de la información".
Guerrero afirma que "el club, aquel maravilloso invento de la comunidad, en donde éste se representa, se simboliza y se proyecta, va poco a poco desapareciendo por no poder adaptarse a las exigencias de la vida del puerto".
El viejo barrio popular, lleno de historia y tradición, ya no encuentra motivos para proyectarse. La vieja estructura comunitaria ha caído en desuso y en descrédito. Los nuevos barrios, que recién empiezan a forjar su tradición e historia no encuentran en el pasado ni en el futuro motivos para creer en algo. "Sobre esta realidad del sin sentido y del vacío existencial; el consumo de drogas halla el terreno abonado para florecer", asegura el sociólogo.

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El mutualismo y mancomunales

El mutualismo fue la principal forma de organización laboral que tuvieron los artesanos a fines del siglo XIX y principios del XX. En 1880 existían 39 de estas instituciones en todo Chile. Su objetivo era el mejoramiento material e intelectual del obrero sobre la base de la ayuda mutua.

Los integrantes de la directiva se preocupaban de la recreación y la formación de pequeñas bibliotecas. También trabajaban en torno a la previsión, la vivienda y el ahorro de sus afiliados. La principal diferencia de una mutual con el sindicato o cooperativa es que se interesan en la situación del obrero sin referirla a su relación con el patrón o con el Estado. Bajo esa perspectiva no se relacionaba con luchas reivindicatorias o enfrentamientos con las figuras de poder.

En tanto que las mancomunales fueron las organizaciones populares más significativas de la primera década del siglo XX. Nacieron y se consolidaron en las minas y puertos nortinos a comienzos de 1900.

Los objetivos en sus inicios no s…

Himno de Iquique

Canciones para la ciudad
El primer himno a Iquique fue compuesto por Baldomero Castro y utilizó el seudónimo de Justo Miralles.
Mario Bahamonde en su libro "Guía de la Producción Intelectual Nortina" indica que Baldomero Castro "compuso el himno en Pisagua en 1889 y está destinado a glorificar la epopeya de Iquique. Se cantó en todas las escuelas de Chile entre 1890 y 1897".
El segundo himno fue creado en 1936 por Roberto López Meneses, "Canto lírico a Iquique". En él enfatizaban las cualidades humanas de los iquiqueños, denominando a la ciudad "pueblo singular".
El tercer himno pertenece a Julio García y se cantó en la década de los 40 y los 50. La letra versa sobre el desierto, el mar, las gestas militares y deportivas.
El músico boliviano Gilberto Rojas, es el autor del vals de Iquique. Nació en Oruro el 10 de marzo de 1916 y falleció el 21 de marzo de 1983, a los 67 años.
La letra del vals se refiere a las bondades del puerto y señala el gran amor…

Casa del Deportista de Iquique

Alrededor de 18 años debió esperar la comunidad para contar con un recinto que acogiera los grandes espectáculos deportivos, frecuentes en las décadas del 50 y 60.


La Casa del Deportista "Guillermo Valenzuela Koster", enclavada en un comienzo en calle Tarapacá entre Barros Arana y Vivar.

El coliseo de cemento y emociones, diseñado por el arquitecto Mario Bravo, costó mucho sudor y demasiadas lágrimas a los dirigentes de antaño.

Lo básico fue adquirir los terrenos. El alcalde Pedro Munga los vendió al Consejo Local de Deportes, presidido por el doctor Juan Lombardi, en un lejano 13 de diciembre de 1949. La compra se concretó en 150 mil pesos y el sitio correspondía a el ex Mercado.

Los dirigentes de esa época acordaron que el recinto sería para el Consejo y se destinaría a las disciplinas del boxeo, básquetbol, vóleibol y tenis de mesa.

El martes 5 de septiembre de 1950 el arquitecto Mario Bravo dio a conocer el diseño estructural, precisando que el Estadio tendría una capac…