Asentamientos españoles en Pica y Matilla

El inicio del asentamiento español de Pica y Matilla se remonta hacia el año 1540, año decisivo en materia de colonización,para los territorios de Tarapacá.
El repartimiento de Pica fue concedido a Andrés Jiménez a principios de la década de 1540, durante 20 años seguidos esta concesión pasó a manos de Pérez Escano, Juan de Castro y Martines Begazo, pero a pesar de ello el asentamiento no se consolidó en toda su dimensión, debido al poco interés que demostraron estos últimos en el repartimiento.
Años más tarde, a fines de 1560 y debido al revuelo provocado por la explotación de la mina de Potsoí, la localidad de Pica atrajo gente en busca de aventura minera o con fines agrícolas.
Asimismo, otros intereses por esta localidad se centraron en las condiciones climáticas para el cultivo de viñas y para la elaboración de vinos, producción requerida principalmente por el atractivo mercado de Potosí.
desde 1590 a 1651, el crecimiento poblacional europeo contó con varias etapas, entre ellas:
En 1589, dos familias
En 1651 alrededor de quince familias desarrollo que llevó a que en 1659 se reconocieran estas tierras con el nombre de San Andrés de Pica y San Antonio de Matilla. Esta inmigración europea cesó en 1675.
 
Primeras Familias
Durante 1683 se registraron 36 familias y 184 personas instaladas en los asentamiento indígenas de Matilla, Quisma, Pica, Huatacondo, Quinllaguay y Tocopilla. De las cuales tres o cuatro de estas familias se encontraban establecidas en San Salvador de Huatacondo y desde allí mantenían un intercambio económico y cultural con Quillagua, Puerto El Loa, Pica y Matilla. A pesar de ello, el grueso de la población española estuvo ubicada en Matilla.
Dura 1683 los varones cabeza de familia eran un 25 por ciento naturales de los reinos de España y un 75 por ciento eran criollos, cuyos padres y ellos mismos habían llegado a Chuquisaca, desde Potosí, de La Paz, de Lima, de Arequipa, Chile, Buenos Aires y de otras localidades.
La cantidad de hijos por familia era bastante irregular. Existían desde 11 hasta 1 hijo y otros no tenían.
De las 36 familias por lo menos 20 poseían esclavos negros, destacándose en el periodo 1651 a 1683, como propietarias mayoritarias 6 o 7 familias, entre ellas Los Morales Usabal, Loayza y Valdés, Esquivel y Jirón, Fernández de Córdova, Rivero y Sotomayor y los de la Fuente y Haro.
En tanto la tradición piqueña hablaba hasta de 40 esclavos negros pertenecientes a una familia de apellido Granadinos durante el siglo XVIII.
Pasado el tiempo el mestizaje se fue acrecentando y la casta indígena fue preponderante, un ejemplo claro es que ya en el año 1681 la población blanca no excedía del 9 por ciento.

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