La conquista española en la región de Tarapacá


Llegan los conquistadores

En 1572 el Imperio Inca había desaparecido definitivamente. Cerca de cuarenta años antes, apartir de 1535, comenzaron las primeras incursiones de los españoles que conocieron principalmente la cultura desarrollada en Tarapacáy Pica y la presencia de grupos de pescadores y recolectores en ellitoral nortino.
Dos años años después, Diego de Almagro regresaba a Perú con las manos vacías
y desilucionado por las riquezas que pensó encontrar en los valles centrales de Chile. En su retorno al Cuzco, el conquistador viajó por la ruta del Inca y permaneció por un par de
meses en el oasis de Pica descansando y aprovisionándose luego de su larga jornada por el descampado de Atacama.
Durante su estada algunos españoles decidieron radicarse en el poblado e iniciar de esta manera lacolonización de la zona.
Para el dirigente aymara David Esteban Moscoso, la llegada de los españoles durante el siglo XVI produce un quiebre en la sociedad andina y en la estructura productiva del pueblo.
“Luego de la ocupación española en las zonas más bajas de la región, especialmente en los valles de Lluta y Azapa y de los poblados de Tarapacá y Pica, la población indígena se
mantuvo entre la cordillera y el altiplano; ya no bajaba más a la costa”.
De similar opinión es el antropólogo Olaff Olmos. El profesional explica que la administración española y la instauración de los sistemas de encomienda y mitas menoscabaron la organización tradicional de la nación aymara.

Primer Encomendero


Las crónicas de la época establecen que Francisco Pizarro entregó a varios de sus
capitanes y soldados encomiendas como recompensa por su participación en la conquista del imperio Inca.
Uno de ellos fue Lucas Martínez Begazo, quien recibió un extenso territorio que incluía
las quebradas del interior y la caleta de Iquique. El encomendero se instaló en la quebrada de Tarapacá en la que actualmente son las ruinas de Tarapacá Viejo. Desde allí
organizó a los indígenas para que prestaran sus servicios a la corono española y pagaran tributo al encomendero, quien se encargó de su adoctrinamiento religioso.
El aumento de la producción agrícola en Tarapacá, Locumba, Sama, Camiña,
Lluta y Azapa obligó a una mayor extracción de guano desde la isla de Ique-Ique, actual isla Serrano. Martínez Begazo también utilizó esta caleta para el ingreso de productos necesarios para su encomienda y, a la vez, exportar sus cultivos. Su trabajo permitió, en pocos años, que un barco de su propiedad iniciara en 1541 viajes continuos por toda la
zona entre Perú e Ique-Ique, pasando por las caletas de Pisagua Viejo y Arica.
Sin embargo, a pesar de esta actividad, la población indígena se mantuvo estática. En la
costa, desde Pisagua hasta el Loa, o sea, parte del corregimiento de Arica el número de habitantes osciló entre las 300 y mil personas durante el siglo XVI.

División administrativa

El corregimiento de Arica, dependiente de la Provincia de Arequipa fue establecido el 17 de agosto de 1565 por el gobernador del Perú, Lope García Carrasco. De esta unidad administrativa dependientas los tenientazgos o Distritos de Tacna, Tarapacá y Locumba.
En el siglo XVII los corregimientos estaban divididos en repartimientos cada uno con un pueblo cabecera, cacique de indios y administración hispana. Estaban Arica que dominaba el valle de Azapa, Codpa con gobierno de todos los “pueblos de indios” de la sierra y el altiplano, Camiña que alcanzaban hasta Isluga, Tarapacá y los alrededores de la
quebrada, Sibaya con poblaciones del Alto Tarapacá y Pica que abarcaba hasta Huatacondo.

Tres pilares marcan la historia de Iquique

Tres temas marcan a Iquique y resumen a esta ciudad. Mirar estos tres libros es una manera de conocer esta tierra.

Prat, una tragedia, retrata el último día en la vida de Arturo Prat. Está novelado, lleno de detalles históricos y emociona por el retrato más humano del héroes sin llegar a los extremos que expone Baradit.

Santa María de las flores negras retrata el conflicto social que vivió Iquique en 1907. Describe personajes memorables y retrata una de las mayores tragedias del siglo XX.

La Tirana, así pasen los años es un compendio de crónicas y relatos que muestran la evolución de la fiesta religiosa desde 1891 a 1973.

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